10 Historias Reales de la Ouija (parte 2)

por Víctor el 25/03/2013

La historia de Andrea

Este caso perturbó a todo un país en el invierno de 2006. Una mujer joven murió descuartizada por un vecino con problemas psiquiátricos. Los noticieros se llenaron de detalles horribles acerca de la muerte y del descubrimiento del cadáver. Esa mujer era la madre de Andrea, una chica de 15 años que, de forma violenta, se quedó huérfana.

Unos años después de la muerte de su madre, Andrea y unas amigas estaban jugando con la ouija, cuando el espíritu con el que habían contactado, empezó a responder a sus preguntas de forma extraña.

Cada vez respondía “Andrea” y una serie de números que resultaron ser fechas especiales para ella: su cumpleaños, el de su madre… y también el día del fallecimiento de su madre.

Sus amigas cuentan que vieron a Andrea cada vez más extraña mientras iba avanzando la sesión de ouija. Parecía tener los síntomas de una posesión. Esa noche, acabaron de jugar con la ouija sin ningún otro incidente. Más tarde, esa misma semana, Andrea las sorprendió cuando les dijo que estaba segura que aquel espíritu era el de su madre fallecida y que había seguido contactando con ella con un tablero de ouija en su habitación.

Un mes después encontraron el cuerpo de Andrea en su casa. Se había ahorcado con un cinturón. Sobre su escritorio dejó una nota: “Quiero estar con mi mamá”.

Los números de lotería

Myles W. y unos amigos jugaron a la ouija cuando tenían 19 años. Estaban pasando la noche en casa de Myles y decidieron dibujar una ouija en una hoja de papel. Pensaron que sería una estupidez, pero un rato después de intentarlo, el vaso que servía de puntero se movió con fuerza y rapidez. Habían contactado con un ente.

Myles y sus amigos no se amedrentaron y, entre risas, preguntaron a este ser los números del próximo premio de la lotería. Poco a poco, el vaso se movió hacia una serie de números, seguida por la frase “la suerte tiene dos filos”. Esa noche no lograron volver a contactar con el espíritu, pero conservaban la secuencia de números que alguien había escrito en un cuaderno.

Al día siguiente fueron a comprar varios boletos de lotería con el “número ganador” de la ouija. Cuál sería su sorpresa al comprobar que, efectivamente, esos mismos números fueron los ganadores del premio mayor.

Después de ese golpe de suerte, Myers y sus amigos siguieron con sus vidas, esta vez menos ajustadas por los problemas económicos.

Pero un día, uno de ellos murió en un horrible accidente con su avioneta. Un par de semanas después, los negocios de otro de los amigos de Myles entraron en bancarrota y le dejaron totalmente quebrado. Sin dinero, con el banco quedándose sus pertenencias y embargando su casa, terminó el resto de sus días viviendo en la calle como un vagabundo alcohólico.

Un tiempo después, los bomberos recibieron una llamada de auxilio desde la casa de Myles W. Era de noche y todos en la casa dormían, pero fueron despertados por el olor a humo. Myles sólo tuvo tiempo a coger el teléfono en su mesilla de noche y llamar a emergencias. Los bomberos fueron con rapidez y extinguieron las llamas, pero a pesar de todos los esfuerzos, Myles, su joven esposa y su bebé de 2 años murieron en dentro de la casa.

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