10 Historias Reales de la Ouija

por Víctor el 25/03/2013

Este es un juego muy peligroso y antiguo, que lleva utilizándose durante cientos y miles de años. El peligro con la ouija, dicen, reside en que los espíritus y demonios que son invocados a través de ella podrían tener total potestad para quedarse y “apegarse” a los individuos que la practican.

Se han escuchado cientos de casos de sesiones de ouija que terminan con episodios paranormales extremos, pesadillas e incluso daños corporales, como arañazos, moretones y cortes inexplicables.

En estas 10 historias reales sobre la ouija conocerás casos en los que este juego ha traspasado los límites del terror.

Historias reales de Ouija

En noviembre de 2007, cinco chicos decidieron reunirse en una casa abandonada para jugar a la ouija. Cuando entraron en contacto con un espíritu, le preguntaron si había alguien en la habitación a quien no quisieran ahí. El espíritu dio el nombre de 3 de los jóvenes. Cuando le preguntaron qué querían que hicieran esos chicos, el espíritu deletreó: “marcharse”. Los tres chicos, asustados, decidieron irse.

No habían caminado muy lejos de la casa cuando escucharon un ruido muy fuerte y sintieron el suelo temblar. La casa en la que aún se encontraban sus dos amigos había cedido, derrumbándose sobre los chicos que aún estaban dentro. Unas horas más tarde, cuando los bomberos pudieron rescatar los cadáveres de entre los escombros, se encontraron con que tenían los dedos de las manos quemadas hasta los nudillos.

La historia de Jennifer Lynn Sprigman

Jennifer era una adolescente de 14 años que había nacido en Illinois, Estados Unidos. Sus amigos la describían como una joven nerviosa y algo sugestionable. Eran finales de 1972 y una amiga le preguntó si deseaba jugar a la ouija. Jennifer aceptó y, al hacer contacto, preguntó la edad a la que moriría.

El puntero de la ouija se movió, deletreando el número 18 y luego “asesinada”, “estrangulada”. Su amiga cuenta que Jennifer empezó a temblar tanto que tuvieron que dejar de jugar.

Años después, cuando Jennifer y su amiga habían olvidado el accidente, Jennifer estaba realizando los preparativos para su próxima fiesta de cumpleaños. Era octubre de 1976 y cumpliría 18 años. Su madre cuenta que ella sí recordaba lo sucedido a su hija con la ouija, y recordaba lo que le contó acerca de su muerte. “Estaba algo inquieta, pero me decía que era una tontería, que no podría ser cierto”. Una tarde, Jennifer salió de casa para reunirse con otros amigos en una cafetería, pero no volvió. Tampoco había llegado a la reunión con sus amigos.

Dos días más tarde encontraron su cadáver dentro de una bolsa de basura, a orillas de un río. Había sido estrangulada.

Aún hoy se desconoce la identidad de su asesino.

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